¿Qué son las Pedagogías Menstruales?

Resumen

El objetivo de este ensayo es conceptualizar y desarrollar una fundamentación que exprese de forma sistematizada la perspectiva epistemológica, el marco teórico y la metodología de investigación -libre, independiente y crítica- que nutre esta propuesta de construcción colectiva y popular del saber, que son las Pedagogías Menstruales. En este sentido, las preguntas que motivan este ensayo son: ¿Qué son las pedagogías menstruales? ¿Cómo y por qué hacer Pedagogías Menstruales?. Desarrollaremos aquí una justificación que dé cuenta de la necesidad de construir un cuerpo conceptual que nos permita crear un método de investigación popular y colaborativo; que posibilite la validación de conocimientos vinculados a la sexualidad, la ciclicidad menstrual, la naturaleza, las experiencias de las mujeres y las comunidades indígenas.

Se entiende aquí que los saberes se co-contruyen mediante el intercambio y que los círculos de mujeres son espacios necesarios a la hora de reparar vacíos de conocimiento causados por los efectos del patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, que han forjado un tabú en torno a la sexualidad, los derechos y la soberanía de los cuerpos de las mujeres (y personas con cuerpos menstruantes).

La educación popular y la investigación colaborativa, se consolidan aquí como formas de resistencia, en tanto los círculos de mujeres suponen una puesta en común de los sentires y experiencias, que permiten no sólo fortalecer la red vincular, afectiva y comunitaria; sino que además posibilitan la nutrición de procesos de autoconocimiento, que al validar las experiencias personales, potencian el autoestima y promueven la sanación de traumas y heridas, tanto personales como colectivas.

¿Por qué son necesarias las Pedagogías Menstruales?

Pedagogías Menstruales nace como un proyecto comunitario que intenta promover la visibilización del ciclo menstrual y la sexualidad desde una perspectiva de derechos. Surge en un momento en el que un grupo de amigas nos preguntamos sobre temas vinculados a la salud menstrual, de los cuales no teníamos ningún tipo de información. A medida que indagamos en los saberes de nuestro propio cuerpo nos dimos cuenta de que esta información representaba un inmenso poder en la gestión de nuestra salud y deseo, y por lo tanto, decidimos comenzar a impartir talleres con el fin de acercar los conocimientos que habíamos aprendido desde la investigación social y el registro de la experiencia personal, a la comunidad.

En este sentido, el principal propósito de las Pedagogías Menstruales es producir y compartir conocimientos vinculados a la sexualidad, la autogestión de la salud menstrual, la ginecología natural, las plantas medicinales y la sabiduría ancestral (en un contexto sociocultural en la cual prima la desinformación sobre estos temas).

A medida que avanzamos en la investigación logramos dar cuenta que el tabú no era un hecho casual, sino que respondía a los intereses del sistema patriarcal -político, cultural y social- que necesitaba mantener a las mujeres* alejadas del conocimiento sobre su propio cuerpo para ejercer más fácilmente el dominio. Se deduce, por tanto, que el autoconocimiento y los saberes provenientes de la medicina natural (a partir de la cual acompañar los desequilibrios en la salud), representan un inmenso poder para las mujeres, que se manifiesta en el reconocimiento de la soberanía sobre el propio cuerpo, la sexualidad y la capacidad de autosanación.

Esto también implica una ruptura con el paradigma científico -moderno y occidental- que prevalece en el campo de la medicina alópata, que ha contribuido a la desinformación de la educación sexual y menstrual, alejando a las mujeres del conocimiento sobre el funcionamiento de su propio cuerpo. Un ejemplo de esto es la naturalidad con la que se han aceptado y utilizado las pìldoras anticonceptivas, que  no sólo producen una alteración hormonal significativa sino que además impiden el funcionamiento orgánico del propio cuerpo, que es cíclico y no lineal y progresivo como el sistema de creencias y valores de la modernidad nos ha impuesto.

Es por ello que, desde esta perspectiva, se considera necesario desaprender todo aquello que nos-dijeron-que-era-la-sexualidad para crear un nuevo saber, que emerja de las experiencias de las mujeres y personas con cuerpos menstruantes; del intercambio que se genera cada vez que nos reunimos en círculo. Se pretende también indagar en el archivo escrito por mujeres, muchas de las cuales han dedicado su vida a la investigación de estos saberes, pero que la jerarquía del academicismo patriarcal y occidental ha relegado a los márgenes.

En este sentido, las Pedagogías Menstruales son necesarias para investigar y producir conocimiento por fuera de los centros de poder políticos y económicos. La ciencia moderna en su afán de desarrollo, no ha hecho otra cosa que amparar y justificar sistemáticamente la violación a los derechos humanos, lo que expresa su carácter intrínsecamente colonial, patriarcal y capitalista. La ciencia se ha ocupado de ser la justificación moderna de “la verdad”, de delimitar la validez del conocimiento, y de convertir el conocimiento científico en sentido común. Es por ello que el diseño de un marco teórico y metodológico para la investigación popular posibilita un encuadre de indagación que valora los saberes y experiencias de las mujeres, que desde el paradigma moderno y hegemónico se han negado y excluido. 

El desarrollo científico se produjo a la par de la colonización de los pueblos de América y de África, que sobre la noción de “desarrollo”, explotó, excluyó y negó cualquier “otro” tipo de cosmovisión que no respondiese a los intereses de occidente.  En esta línea, decidimos nutrir esta propuesta de la perspectiva feminista descolonial, que sugiere la necesidad de indagar no sólo a través de textos académicos, ya que esto supondría avalar el método científico hegemónico que estamos criticando (entendiendo que muchas veces los discursos de la opresión nacen de allí). Sino que, por el contrario, se propone tomar contacto con textos escritos por mujeres que adoptaron un camino alternativo al académico y también con aquellas que se han expresado desde el arte y el activismo. Como así también con quienes se han manifestado desde la tradición oral: muchas de éstas son mujeres y curanderas, dedicadas a investigar en torno a la salud y la sexualidad desde perspectivas que no han sido las dominantes (muchas de ellas pertenecientes a comunidades indígenas, africanas, y de oriente).

Si algo nos afirma esta necesidad de indagar en esos “otros” discursos, es que las “verdades” de occidente nos han hecho muy mal a las mujeres. Y que por ello resulta necesario construir nuevos relatos, que sean alternativos y que apuesten a consolidar diferentes realidades para las mujeres del mundo. Consideramos que en la medida que investigamos, producimos conocimiento que nos permite desestabilizar el sentido que socialmente estaba dado, para construir uno nuevo, que esté acorde a nuestras experiencias, necesidades y cuidados.

En consecuencia, la Educación popular se sitúa como uno de los pilares fundamentales de las Pedagogías Menstruales, porque nos permite validar las experiencias y crear conocimientos -y sentidos- desde el compartir genuino de nuestras vivencias y sentires. Asimismo, la horizontalidad que proporciona la práctica de reunirse en círculo, brinda el espejo y el apoyo necesario para que las mujeres podamos “deconstruirnos” con tranquilidad y confianza, sintiéndonos contenidas por nuestras amigas y compañeras de vida. 

Para las mujeres* es necesario aprender, creer y crecer con espejos que no sean los del varon cis, que siempre nos han posicionado en lugares de inferioridad, inspirando temores e inseguridades en cada una de nosotras. Los círculos de mujeres y los grupos de autoconciencia feminista son las formas que históricamente las mujeres han construidos redes para fortalecer las resistencias frente al sexismo del patriarcado, y es en esta línea que se desarrollan las Pedagogías Menstruales. 

Es menester recordar que antes de que occidente imponga -a costa de saqueo y muerte, el sistema moderno de género, las mujeres se reunían en aquelarres, compartían sus conocimientos y saberes respecto a la sexualidad y la medicina que obtenían de la naturaleza. Estas mujeres fueron perseguidas y quemadas en la hoguera por lo que se denominó la “Caza de brujas” durante la época medieval en Europa. En América, muchas de las sociedades nativas se organizaban de forma matriarcal, y de hecho, fue requisito de la colonización implementar nuevas formas de organización patriarcal, que oprimieron y reprimieron a las mujeres, expropiando poco a poco el poder y el conocimiento que cada una posee, y que desde esta perspectiva se pretende recuperar. 
La autora feminista, Audre Lorde nos inspira a través de una de sus afirmaciones (que es también el título de uno de sus más conocidos ensayos): «Las herramientas del amo no derribarán la casa del amo«, y nos recuerda que las mujeres debemos nutrirnos de nuestras diferencias para reafirmarnos, definirnos y construir identidades que se forjen desde nuevas concepciones. Es por eso que desde las Pedagogías Menstruales se animan a crear las propias herramientas de producción del saber, poniendo en juego en cada círculo la diversidad de experiencias y conocimientos, que son validados al ser expresados y que se enriquecen de la diversidad. Integrando la experiencia de transformación que desde la praxis y la creatividad se nos impulsa a recordar. Compartiendo saberes, nutriendo afectos, honrando nuestra ancestralidad y trayectoria de vida.


¿Cómo hacer Pedagogías Menstruales?

Las Pedagogías Menstruales van a nutrir su marco teórico a partir de un conjunto de conceptos, prácticas y herramientas que integran las Epistemologías del sur (EdS): como lo son la Educación popular, la metodología plural y transdisciplinaria, y la investigación situada y participativa. Las Epistemologías del sur, se sostienen en pilares que son conceptuales pero sobre todo políticos. Nacen de la intención de contribuir a un proceso de justicia social, sexual y cognitiva global, que logran consolidarse como una herramienta de emancipación frente a la situación actual de dominio. Las EdS reconocen el accionar del entramado de poder, en sus aspectos sociales, culturales, económicos y políticos, y asumen un posicionamiento que denuncia el epistemicidio de los grupos históricamente oprimidos por el colonialismo, el capitalismo y el patriarcado.

Las Epistemologías del Sur logran integrar una diversidad de perspectivas epistemológicas, pedagógicas, metodológicas y  políticas, que hacen posible evidenciar los mecanismos de invalidación del saber o de producción de la “no existencia”, y la forma en la que lxs investigadores comprometidos con diversos grupos sociales, desarrollan estrategias para recuperar y visibilizar esos saberes marginados por el paradigma hegemónico occidental. 

Es por ello que presentaremos algunas de las principales herramientas de las que se nutren las Epistemologías del sur que consideramos necesarias a la hora de llevar a cabo las Pedagogías Menstruales. 

En principio, uno de los pilares de las Pedagogías menstruales ha de ser la Educación popular o Pedagogías de los oprimidos. Se toma como referencia aquí la pedagogía político- social impulsada por Paulo Freire en la década de 1960 en Brasil, que se estableció como una pedagogía libertaria y alternativa al sistema educativo tradicional. La crítica de Freire sostiene que los modelos de educación bancaria tienden a perpetuar las relaciones de poder y desigualdad, anulando el pensamiento crítico y generando sujetos pasivos. La educación popular va a cuestionar el orden establecido, incluso el formato mismo en cómo se imparte la educación. Desde esta perspectiva crítica todxs los sujetos poseen conocimiento y el aprendizaje se produce en ese compartir de experiencias; en contraposición al sistema formal en donde el conocimiento es poseído únicamente por la autoridad educativa. Además, los contenidos aprehendidos en las instituciones formales necesariamente se corresponden a un sistema de creencias que responde a los intereses de los estados (modernos, capitalistas, coloniales, patriarcales). Es por ello que el saber de las Pedagogías Menstruales ha de construirse y aprenderse necesariamente en un círculo horizontal, sobre todo porque en los espacios educativos institucionales se ha negado el saber sobre la sexualidad, el funcionamiento del cuerpo y los derechos de la mujer, continuando y reforzando las relaciones desiguales de poder. 

Para adentrarnos en este proceso de aprendizaje se nos requerirá de una metodología que necesariamente debe ser plural y transdisciplinaria. Desde la perspectiva de las Epistemologías del sur, la diversidad de métodos y disciplinas nutren el proceso de construcción del conocimiento, por eso mismo no se intenta avanzar desde la especificidad y la rigurosidad de delimitación que implica el estudio en disciplinas (que más bien tiende a disciplinar el conocimiento y a hacer cada vez más restrictivo el objeto de estudio), sino que se pretende construir un conocimiento integral y total, pero que a su vez sea local. En este sentido, las Pedagogías Menstruales tanto como las Epistemologías del sur, intentarán producir un conocimiento que esté orientado a las comunidades locales, colaborando con proyectos que sean impulsados por grupos sociales, y creando soluciones que aporten y mejoren las necesidades de las personas* (especialmente mujeres cis y miembrxs de la comunidad LGTBIQP). 

Tal como lo afirman las Epistemologías del Sur, se trata de promover un conocimiento que se alimente de la imaginación, y que trate sobre las condiciones de posibilidad en cuanto acción y que permita realizar intervenciones en espacios específicos con la participación de la sociedad. Esta concepción refuerza la pluralidad metodológica: Cada método es un lenguaje y la realidad responde en la lengua que es preguntada. Sólo una constelación de métodos puede captar el silencio que persiste entre cada lengua que pregunta” (Sousa Santos, 2009: 49). El autor afirma que la única forma de alcanzar la pluralidad de métodos es a través de la transgresión metodológica, que impacta en la diversidad de estilos y géneros literarios que en el marco del paradigma posmoderno ya se presenta en las diferentes formas de escritura científica y que dependen de la imaginación y de la convergencia de estilos, herramientas y recursos que se quiera utilizar. Por lo que las Pedagogías Menstruales podrán expresarse no sólo a través de la pedagogía social como su nombre podría indicar, sino a través del arte en sus diversos formatos, la performance, el lenguaje musical, la poesía, el cuerpo, la palabra, etc. 

La metodología plural y transdisciplinar debe ser desarrollada a partir de la investigación situada (local) y de acción participativa (no participante). De esta forma se posibilita el desarrollo de estrategias colaborativas y no extractivistas. Esto último es sumamente importante, ya que está siendo común que nociones vinculadas a la salud y la sexualidad que provienen de culturas no occidentales, sean tomadas por occidente. Cada comunidad tiene su saber ancestral y es preciso recuperarlo a través del contacto con las abuelas locales y las mujeres que día a día gestionan su existencia (y obtienen un conocimiento inmenso que necesita ser reconocido).

Las Pedagogías Menstruales se van a nutrir de conceptos claves de la  Epistemologías del sur como lo es la Ecología de saberes, que nos permite llevar a cabo una estrategia de recuperación y validación de los saberes nacidos en las luchas y las experiencias de  la resistencia. La ecología de saberes será una de las principales herramientas para reconocer la diversidad en el mundo, subsanando de alguna forma lo que el pensamiento moderno occidental y academicista ha provocado en términos de violencia epistémica (oprimiendo los saberes de los pueblos indígenas, de las mujeres y de la naturaleza).

En el caso de la sexualidad, entendida aquí como la identificación del deseo, la gestión del placer y la autorregulación emocional; va a ser preciso que cada mujer comparta en el círculo cuáles son las formas a partir de las cuales siente y vivencia su sexualidad, y aunque antes éstos relatos no hayan sido reconocidos (al no ser un “saber experto”), es posible mediante la ecología de saberes revalidar ese conocimiento que deriva de la experiencia.

Se reconoce en este punto la importancia de crear los círculos de mujeres como espacios extrainstitucionales de producción del saber, pero también mantener un pie firme en las instituciones formales, donde el peso del sexismo, el capitalismo y el patriarcado es aún muy fuerte. 

Es evidente que desde el paradigma hegemónico occidental se ejerce una violencia que niega las experiencias de las mujeres, sus posiciones y conocimientos como tal. Incluso dentro de la universidad, muchas colegas nos vemos obligadas a estar defendiendo posiciones teóricas y autoras que adoptan una perspectiva poscolonial, y que son “menospreciadas” dentro del campo académico por no ser tan “cientìficas” u “occidentales”. Lo cual resulta una situación de violencia explícita, porque negar saberes y experiencias es negar visiones de mundo, y esto ocurre debido a que no se expresan bajo los parámetros de la ciencia moderna, lo cual demuestra una vez más su carácter no sólo patriarcal, sino también autoritario. Es triste pensar que si esto ocurre con investigadoras feministas, qué es lo que puede llegar a ocurrir con saberes que provienen de los pueblos, de las experiencias de los movimientos sociales, indígenas, campesinos, que muy difícilmente puedan ser considerados como sujetos válidos para la producción de conocimiento.

Por eso mismo se refuerza la premisa de habitar ambos campos, dentro de la academia y fuera con los movimientos sociales y las mujeres: “Las institucionalidades y pedagogías prefigurativas son formas de organizar la convivencia colectiva y promover aprendizajes liberadores, capaces de lograr de manera creíble, aquí y ahora, en pequeña escala, otro mundo y futuro posible” (Sousa Santos, 2009: 343). 

Dentro de la academia, una de las formas en las que es posible ultrapasar esta situación es promoviendo el pluralismo interno en la ciencia, que posibilite la apreciación de la diversidad de saberes, conocimientos y puntos de vista, ampliando el horizonte de interpretabilidad. Interviniendo directamente sobre el paradigma científico, co-produciendo conceptos y clasificaciones que sean reconocidos mediante nuevos mecanismos de validación del conocimiento.  Practicando la ecología de saberes  y la pluralidad metodológica creo que es factible ultrapasar la violencia, al desarrollar nuevos métodos que no son necesariamente científicos, pero sí igualmente válidos. En el caso de las Pedagogías Menstruales son los saberes que provienen de las mujeres, de la naturaleza, y de las comunidades indígenas.

Para desarrollar las Pedagogías Menstruales en los círculos de mujeres es necesario comprometerse con la investigación situada. Esta experiencia permite ejercer la escucha profunda y genuina, reconocer las diversidades e incorporar nuevos saberes y conocimientos. La investigación situada invita a estar presente y a construir vínculos, amorosos, cuidados, de resistencia y ternura. También a valorar la tradición oral que ha quedado menospreciada por la lógica textual y de archivo. 

Otro aspecto interesante para las Pedagogías Menstruales y que ha sido un concepto destacable en el estudio de los feminismos poscoloniales, es el que incorpora la dimensión de la ancestralidad, teniendo en cuenta el vínculo entre la mujer y la naturaleza. Al trabajar en temas de sexualidad y ciclicidad menstrual, es profundamente encantador contar con los ensayos de Audre Lorde, que nos permite identificar en las dimensiones espirituales- emocionales, un condimento de lo erótico, como la fusión entre lo espiritual y lo político. También es sumamente potente nutrirnos con el arte de Ana Mendietta, que fue una de las primeras artistas que utilizó su propia sangre menstrual en una obra, entre otras autoras como Leila Gonzales que han honrado a la mujer y a la naturaleza como parte de una misma concepción. La dimensión ancestral y espiritual ha posibilitado la visibilización/ emergencia de otros feminismos como pueden ser el Feminismo Comunitario de Guatemala, que aportan al movimiento feminista nociones tan significativas como la importancia de los procesos de sanación entre mujeres y los cuidados. Para las Pedagogías Menstruales este es un punto central, ya que al considerar esta dimensión se asume una posición crítica al paradigma científico dominante que separó de manera arbitraria al ser humano/ de la naturaleza. De esta forma pudo dominar a la naturaleza, pero a los humanos y sobre todo a las mujeres nos despojó de una condición originaria, como es la de la ciclicidad y el reconocernos parte de una gran madre como es la Pachamama. 

¿Por qué hacer Pedagogías Menstruales?

Las Pedagogías Menstruales se necesitan fundamentalmente por una cuestión de justicia cognitiva y sexual. Este concepto es uno de los pilares de las Epistemologías del sur, y no es menor ya que ejerce una interpelación hacia lxs investigadores, educadores, activistas, (entre otrxs), respecto a la forma en la que se contribuye en la construcción de un nuevo mundo, donde sea posible consolidar un paradigma poscolonial, poscapitalista y pospatriarcal. En este sentido emergen las preguntas: ¿para qué investigamos? ¿Qué sentido tiene lo que hacemos si no aportamos a las lucha de los pueblos del sur global?

Hacemos Pedagogías Menstruales porque creemos en una sociedad diferente, en la que las mujeres puedan ser libres, se conozcan y ejerzan la soberanía sobre sus propios cuerpos. En la cual el proceso de investigación- aprendizaje- transmisión del saber, sea un espacio de fortalecimiento de los vínculos comunitarios. En la cual el reconocimiento de nuestra propia sabiduría nos otorgue salud, bienestar (buen vivir), dignidad y empoderamiento. 

Hacemos Pedagogías Menstruales porque es preciso recuperar los saberes de la sexualidad y la salud menstrual. De esta forma aprendemos y honramos las maneras en la que las mujeres, alquimistas, abuelxs, campesinxs y miembrxs de las comunidades indígenas han sanado y gestionado su salud menstrual y sexual a través del uso de plantas medicinales; pero también las formas en que han ejercido el autocuidado y el placer.

Hacemos Pedagogías Menstruales porque es una forma de luchar contra nuestro despojo, y esto resulta inmensamente liberador y empoderante, en la medida que podemos hablar de temas que históricamente han sido reprimidos como la sexualidad, y nos permitimos tomar contacto con emociones y expresiones muy personales vinculadas al deseo, al goce y a la soberanía del cuerpo, que sin duda a través de su conocimiento es posible lograr cambios en la calidad de vida de las mujeres y sobre todo en el disfrute de las mismas.

Hacemos Pedagogías Menstruales porque es preciso recuperar el saber y la memoria de los cuerpos, que ha quedado relegado por la cultura occidental escrita  y no ha sido reconocido como forma válida de conocimiento. Al reconocer el saber del cuerpo y las prácticas no verbales como la danza, los rituales, los saberes ancestrales, seguimos contribuyendo a la justicia social y cognitiva. Éstas prácticas requieren necesariamente del ejercicio de la presencia y la comunidad, es por ello que la transmisión de saberes mediante el conocimiento corpóreo, permite que la cosmovisión se incorpore y sea almacenada en la memoria de los cuerpos. Las Pedagogías Menstruales reconocen las prácticas corporalizadas como un sistema importante y necesario en la producción del conocimiento y transmisión del saber.

Horizontes posibles de las Pedagogías Menstruales: saber popular y redes entre mujeres.

Entre mayo de 2019 y octubre de 2021 se han creado desde el proyecto Pedagogías Menstruales más de 40 círculos y compartido con más de 200 mujeres. La consigna -si bien ha variado en cada encuentro- estuvo centrada en reparar el tabú que la sociedad patriarcal ha establecido en torno a la sexualidad y la salud menstrual. El objetivo, compartir saberes y experiencias que nos permitan construir nuevos mecanismos de validación del conocimiento, y que, al mismo tiempo, nos consolidemos como espejos de nuevas identidades que necesitan crecer tras la caída del velo conceptual que sostuvo nuestras vidas en la experiencia dentro del sistema capitalista global. 

Los círculos de mujeres nos han permitido investigar juntxs, aprender a escucharnos y a escuchar nuestro cuerpo, entender cuál es nuestro verdadero deseo y poder ejercerlo de la mano del placer. También son espacios donde compartir recetas que nos ayuden a aliviar nuestros malestares (muchas de éstas heredadas de nuestras abuelas), y aprender sobre plantas medicinales que nos ayuden a sanar. Y lo más especial es que al pasar de los encuentros y los círculos, los grupos se van fortaleciendo hasta sentirnos como hermanas, algo que no resulta fácil en un contexto en el que se ha prevalecido la rivalidad entre las mujeres.

Uno de los resultados más gratificantes es que cada una de las mujeres empiece a reconocer la propia naturaleza cíclica y a fluir en función de sus energías, de sus ánimos y fundamentalmente sus deseos. Lo que se contrapone al discurso moderno del progreso evolutivo que la razón occidental nos ha impuesto, donde siempre hemos de estar bien, siendo productivas en nuestros hogares o espacios de trabajo.

Las Pedagogías Menstruales nos permiten construir saber popular pero también un inmenso tejido vincular y afectivo. Las mujeres en círculo constituyen grupos de ayuda mutua, donde se comparten sentires y soluciones a las necesidades de cada una. También se celebran en rituales desde los cuales se honran las concepciones más importantes sobre la naturaleza, como la vida, la muerte, el valor del cuerpo, el alma y la comunidad. Se reivindica el rol de la mujer (por fuera de lo socialmente establecido), y de la amistad como una potencial herramienta en el proceso de sanación y lucha. 

Las mujeres seguimos resistiendo, consolidando redes, formas de apoyo y asociación cooperativa. Creamos saber y lo compartimos desde el cuerpo, la palabra, el arte y la escritura. Resistimos frente a un sistema que nos oprime y nos violenta. Nos unimos en nuestras diferencias y nos volvemos más fuertes. Nutrimos la importancia de los cuidados dentro del activismo y reivindicamos los saberes ancestrales, de la tierra y de nuestras abuelas. 

Hacemos Pedagogías Menstruales para que las próximas generaciones de mujeres puedan contar con todos estos conocimientos que en la cultura del tabú sobre la sexualidad nos han sido negados. También para prevenir la violencia sexual y para garantizar los derechos humanos de todas las personas con cuerpos menstruantes.

Hacemos Pedagogías Menstruales para sembrar las semillas del nuevo mundo, donde las mujeres podamos recobrar nuestro inmenso poder, gozar de nuestras vidas, y danzar la libertad, mientras honramos a nuestra queridísima Madretierra.

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